Yo soy Lawrence de Arabia

Son menos de 300 metros los que separan el gimnasio de mi casa, 300 pasos normales, pero eternos sí se caminan bajo una tormenta.

Cuando era niño cantaba, sí, cantaba y no lo hacía tan mal, en realidad era el más entonado de mis primos.

Esa característica me convirtió rápido en el conejillo de indias de mi primo Boro, músico infantil prodigioso que a los 12 o 13 años ya tocaba guitarra, bajo, teclados y batería.

También tenía algunas nociones sobre producción y mezcla, al final de cuentas era la época de los mixes en casete, así que iba de cinta en cinta mezclando lo grabado con cada uno de los instrumentos… al final montaba la voz, mi voz.

Y ahí estaba yo, 30 años después ante la incógnita de recorrer esos 300 metros bajo un diluvio nocturno, recién salido del gimnasio y con una parada por el Sanborns de la plaza a pagar el celular y comprar unos polvorones para la cena.

Cómo buenos niños que nacimos en los últimos instantes de los 70 y que crecimos en los 80, el rock (que era más bien pop), fue lo que nos encontró con Boro tocando sus primeros acordes y a mi calentando la garganta.

Cómo a muchos, Hombres G fue de lo primero que llegaría a nuestros oídos, así que comenzamos con “Devuélveme a mi chica” y nuestras madres se tragaban el coraje de ver a sus niños diciendo “sufre mamón” con tal de verlos jugar a los artistas.

El diluvio empeoraba y lo único que se me ocurrió fue comprar un boleto para el cine y subir al segundo piso de la plaza apresurado pues la función estaba por empezar.

A mitad de la película me había comido el polvorón y la botella de agua se había terminado también… fue entonces que vino este recuerdo con una sonrisa enorme dibujada en mi rostro.

Boro, Alejandro, mi hermano, dando “play” al viejo Toshiba mientras grababa mi voz cantando “Lawrence de Arabia”…

“Estoy solo, en mi expedición, al desierto del Sahara/ me he comido el polvorón, y ya no me queda agua/ pero: Yo soy Lawrence de Arabia y no tengo miedo de las trampas/ no hay camella que se me resista/ y soy primera plana en todas las revistas… “

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Diálogos de jueves por la noche 3

– Piénsalo bien, ¿lo arriesgarías todo por…?

– Sí, lo haría. A estas alturas, los dos sabemos que lo único que tengo que perder, son kilos.

Pequeña guía inútil

Queridos todos, mis textos suelen ser momentos suspendidos en un punto del espacio.

Algunos son totalmente reales y otros llevan un grado de ficción, pero no invención.

Me explico: a veces las historias que cuento necesitan algo que las una, un pensamiento, que una frase que fue dicha medio al “ahí se va”, tenga algo poético, por así llamarlo.

Los personajes de quienes he escrito en los últimos 14 o 15 meses, son reales todos, y procuro colocar características que a mi me los recuerdan y que a ellos les haga fácil ubicarse.

No escribo de nadie al azar, a veces no tienen un orden específico. Son solo momentos -insisto- suspendidos en el tiempo que en cualquier momento encuentran un detonante para vivir en las letras.

Hoy me preguntaron a quien me refería en un texto que tenía dos personajes, si me conoces bien, sabrás quién es uno, si me sigues con atención, sabrás los dos.

Ojo: jamás escribo sobre alguien a quien no le mostraría mis textos, de hecho, si escribo sobre alguien, le aviso y le mando el link, o bien, espero para mostrárselo personalmente.

(Esto último me ha traído algunos malos momentos, un batazo, algún gracias y me han dicho, ha provocado algunas lágrimas.)

Como varios saben, estos textos forman parte de un libro que pretendo hacer con amigas diseñadoras e ilustradoras, que si bien se puede leer con cierta continuidad, faltarán algunas piezas que están resguardadas aún, y que la idea final es reunir por temáticas que brindarían una suerte de “cronología inexacta” a esta humilde pero pretenciosa obra.

Esto no se ha terminado, apenas comenzamos, gracias a los poquitos que me leen porque me dan ánimos para no dejarlo.

De perfecciones y defecciones

Hasta dónde me alcanza la vista, que no es muy lejos a causa del astigmatismo e hipermetropía, puedo atestiguar que todos creemos que hacemos nuestra vida a la perfección.

Solemos equivocarnos, pero tampoco nos gusta aceptarlo, porque entonces se perdería esa tendencia a la perfección.

Cuando era niño, mi hermana se ponía, literalmente como loca si no le daban “banda” de excelencia, el equivalente en su escuela de una medalla. Luchaba cada día por ser perfecta, si eso existe en un sistema educativo diseñado para crear esclavos.

Por mi parte, la perfección era la de llevarme bien con todos, ochos, nueves, algún 10, se podía mirar en mi boleta, pero lo que debía ser perfecto, era mi peinado.

Al pasar los años, mi perfección se trasladó a la ortografía, a buscarla en la redacción y en las rutas a casa.

También en la manera en la que podía ser buena persona para todos, desprendido, dispuesto a ayudar, a enjugar lágrimas, a escuchar, a apoyar y muchas cosas más.

He sido un perfeccionista en el arte de picar piedra, derribar muros para que los demás pasen, y quizá varias veces, para que yo entre en un hueco.

Cuando perfeccionas el arte de ser “buena gente”, siempre habrá alguien que lo aproveche, que lo tome como ventaja obligatoria, que lejos de tomarlo como bondad lo vea como un deber.

La última defección me ha recordado que esos muros derribados a la perfección, que esos lugares disfrutados, ayudas prestadas, no deben escatimarse aunque sea defección lo que recibas a cambio.

En días como hoy, creo que es más fácil defeccionar el camino a la perfección.

PD. Si a estas alturas no saben qué es defección, les hago la vida más fácil:

http://dle.rae.es/?id=C1Dw9DU

Imagen perfecta de la perfecta Lidia Vives.

Diálogos de jueves por la noche 2

“Sabe que lo perdió todo y lo que ahora hace es reunir pedazos ajenos, momentos en vez de eternidad, para inventarse una ‘felicidad’ fingida, una sonrisa que no es más que una mueca falsa…”

– ¿Por qué crees que ella sí es honesta?

– Pues es que siempre dice lo que siente, además es la única que conoce realmente su lado oscuro y trabaja en él, a veces dice que es mejor que los demonios salgan a jugar.

– También creo que es bueno, es necesario sobre todo si conoces tus límites.

– Lo malo es que la mayoría no conoce a esos demonios.

– Por eso me causas micro infartos cada vez que me hablas de alguien más. Siempre que pasa, sé que tendremos trabajo.

– Yo también… Pero yo no controlo ni puedo saber que los demás sepan lo que tienen en la cabeza. Por eso ella es honesta, porque lo sabe y no lo esconde.

– ¿Y la otra? ¿Tenemos noticias? Su lado oscuro es muy fuerte, se podría decir que ya la absorbió.

– Ahora me manda mensajes por el Facebook Messenger, siempre en los peores momentos, cómo si supiera que estoy feliz y decide aparecer con sus “hola”.

– ¿Y tú qué haces?

– A veces no le contesto, la última vez tardé como una semana en contestarle, de hecho, me escribió hace algunos días y ni siquiera leí su mensaje.

– Muéstrame

– Lo tendría que abrir.

– Ábrelo, no pasa nada mientras no entres en el juego de nuevo. Te escribe para eso, para que caigas, para vengarse y lastimar a alguien como a ella la lastiman. Acuérdate que ella está en un “loop”, sabe todo lo que perdió y lo que hace es reunir pedazos para inventarse una “felicidad”. Si le contestas, sé cortante, hasta grosero si es necesario, que sepa que ya no hay velita.

– Lo abro entonces.

Ella toma el teléfono para leer el último mensaje. Y ahí mismo…

– Te acaba de llegar un mensaje, dice que “quiero saber cómo estás”.

– Le dije que no me lo estaba inventando.

Quizá, quizá, quizá…

No haré muchas historias, no es necesario recordar cómo, cuándo ni dónde porque lo sabes bien, lo sabes mejor que yo.

Desde aquella cabellera rojiza de hace muchos años hasta las puntas claras que no te convencían hace unas semanas.

Así eres tú, o al menos eso creo.

A veces pienso que te gusta que te convenza de que tal o cual cosa te queda bien, aunque las más, sé que solo quieres confirmarlo.

Sé también que te molesta que mi corazón tenga complejo de excursionista, que le guste levantar cada piedra para ver qué se encuentra.

Sé que te molestan ciertos temas y trato de no tocarlos, aunque tú no tienes empacho en soltar alguno, al grado que ya prefiero ayudarte en esos mensajes con ocurrencias que surgen al instante.

Quizá sepas -realmente esperaría que sí- que has sido lo más claro que ha rondado por mis rumbos en los últimos meses.

Quizá imagines que aunque a veces parezca una misión imposible fue por ti por quien finalmente le he tomado el gusto a cruzar entera la ciudad, aunque sea para un instante suficiente para medio café.

Quizá deduzcas que tienes el récord de más “sí” y más decirle a otras personas y eventos que “no”, y también el de funciones de cine.

Quizá no lo sepas pero contigo he tachado de la lista muchos lugares que quería conocer, pero no encontraba la persona correcta para que me acompañara.

Una que sonriera al verlos conmigo, alguien que encajara a la perfección.

Quizás ambos sabemos que algún día esto se desvanecerá y cada quien hará su camino, aunque por ahora tenemos certeza en el “estar” de cada uno.

Quizá no había escrito algo así aún porque me da miedo tu reacción (aunque quizá sepas que son ya varias las veces que mis letras son para ti).

Pero quién sabe, quizá hasta te guste, quizá nunca lo sepa… sí, sí lo sabré.

Desde tus ojos…

Sé que he sido más impulso que verdad, más refugio que escape y mucho más amigo que amante.

A ciencia cierta ya no recuerdo bien quién eligió a quien en ese juego cibernético en el que ambos coincidimos, pero sí recuerdo la sensación de nervio cuando me dirigía a nuestro primer encuentro.

Quisiera decirte que eres demasiado diferente a lo que estoy acostumbrado, una dama jugando en un terreno que solo habían pisado niñas.

Quisiera decirte que desde el primer instante que hablamos, algo en ti fue un largo anzuelo.

Mentiría si te dijera que no fueron tus ojos, porque ellos fueron los culpables, quizá sea esa pequeña curiosidad casi imperceptible de que uno es más pequeño que el otro o -lo más seguro- la profundidad con la que miran.

Y es que para ti no hay detalle que escape, a veces siento que mientras yo trato de entender lo que hablamos, tú ya estarías lista para el examen.

Quizá seas esa pieza que falta a mi vida, quizá como amiga, como amante, como pareja, pero siempre como mujer.

Alguna vez te dije que cambiaste mi vida de cierta forma y así es.

Eres tú esa pantalla que me ha hecho ver que las palabras lindas y los sentimientos puros a veces no son suficientes en tu escenario, pues quien juega con niñas, disfruta el papel de Peter Pan y contigo, ese personaje está prohibido.

“Escúchame bien”: Mil veces me has dicho “inmaduro” y quizá lo sea, pero también creo que hay días en los que sientes unas ganas terribles de dejarlo todo y sumergirte en la inmadurez, en el vivir sin mañana aunque sea por unas horas.

Eres esos ojos en los que me pierdo porque reflejan un camino que nunca he transitado, y quizá muera por caminar.