Hasta siempre compañero Rafael

Lo recuerdo bien:

Fue un domingo, temprano por la mañana, todos en ayunas en el Banco de Sangre del Centro Médico de La Raza.

El llamado fue para todos. A mi padre lo operarían de cáncer y necesitábamos al menos tres donadores.

Familiares, amigos, los mejores de todos, esos que todos los días te dicen que estarán contigo siempre, compañeros de trabajo, vecinos. Nadie fue, excepto él.

Rafael Robledo tenía dos opciones para conmigo: o se convertía en una piedra en el zapato o se transformaba en el mejor compañero de trabajo que jamás tendría y eligió la segunda.

En 2011 disfrutaba de las pocas comodidades que un buen trabajo en MVS te puede brindar, cuando de pronto recibí un llamado de El Universal para sumarme a las huestes de Bucareli 8, lo hice sin pensar.

Sólo llegar, la primera junta conocí a Rafael y a Sofía, quienes serían mis coeditores.

Rafael de inmediato me odió y debo decir que lo hizo de una manera merecida, pues el puesto que me dieron, era por merecimiento para él.

Poco a poco y sin daros cuenta, los lazos entre los tres se hicieron fuertes, estrechos. Sin duda éramos el mejor equipo que jamás los sitios satelitales de El Universal tuvieron y tendrán jamás.

Nos entendíamos sin hablar, sabíamos lo que cada uno debía hacer en qué momento y en qué medida.

Tiempo después nos arrebataron a Sofía para llevarla a la Red Política (De ella ya habrá oportunidad de hablar) y semanas después nos enviarían a la redacción del quinto piso.

Ahí cometieron el error de colocarnos juntos, lado a lado en un rincón.

Y es que no recuerdo una etapa laboral de mi vida en la que las ideas corrieran al alimón y a tal velocidad como pasaba ahí. Al grado que no tardamos mucho para que los editores de Estados y Metrópoli se dieran cuenta de que existíamos.

La despedida con mi paso al Reforma truncó muchos planes y quién sabe qué más en cuestiones laborales. Aún hoy me niego a admitir que marcharme fue un error aunque cierta parte de mis neuronas insista en ello.

Años después a Rafael le llegó su hora. Es momento de partir de Bucareli y buscar nuevos rumbos.

Esa redacción jamás olvidará sus berrinches y dramatizaciones con revolcones y piruetas por el piso incluidos, sus desapariciones “casuales”, las citas de autores extraños y otros famosos y de paso sus improvisaciones.

Por mi parte me quedo con dos. El día que volvíamos con alto grado de alcohol en la sangre de un concierto de Bunbury y puso a cantar a un vagón del metro completo y el día que me dedicó “Con todos menos conmigo” en una fiesta de cumpleaños (Hacía referencia a que lo abandoné en el Uni).

Sólo puedo decir que El Universal extrañará a la que seguro fue una de las mentes más brillantes que caminara por los pasillos fantasmales de esas redacciones.

Éxito amigo Rafael, mucho éxito.

¿Quién descifrará la verdadera identidad de Jacobo?

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