¡La bola se va…!

Recuerdo aquellas noches de principio de los 80 frente a la televisión.

“Una entrada y ya”, le decía a mis papás, a veces me quedaba tres. 

Con la “Fernandonanía” en pleno, éste, su charro cantor, con unos cuatro años, a lo mucho, ya era un fanático de Fernando Valenzuela.

Ese gordo que puso en el mapa un pueblo, casi aldea de Sonora llamado Etchohuaquila (ejido del municipio de Navojoa), se dio el lujo de salvar también al beisbol.

No entraré en más detalles por ahora pero el beisbol recibió más de Fernando, de lo que el deporte le dio al “Toro”. 

La pelota está, 30 años después, en deuda con Valenzuela, carajo, ni en las papeletas de votación para el Salón de la Fama aparece. 

Yo lo conocí cuando formó parte del cuerpo técnico de la Selección Mexicana de Beisbol que participó en el Clásico Mundial. 

Cual vil fan corrí a tomarme la foto con él. 

He de confesar que se me caían los pantalones de los nervios, pues no todos los días se puede abrazar, vaya siquiera estrechar la mano de un ídolo. 

“Bravo por ti Fernando, eres para el beisbol oro, mezquita, basílica y cactus…”, Pedro ‘Mago’ Septién, 23 de octubre de 1981.

Fernando formó parte de los “tres ases” mexicanos, pues junto a Hugo Sánchez y Julio César Chávez fue un ídolo para toda una generación.

Y sí, yo quise ser como él.

  

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