De egocentrismo y cosas peores…

Comienzo este texto con algo de sinceridad: Ignoro cómo se mueven las oficinas normales, sólo he trabajado en medios y en una agencia de marketing que más parecía tugurio que un lugar de trabajo.

Una vez dicho eso y para los que en su vida han estado en una redacción, deberán saber que existen varios especímenes dentro de ellas, pero, ese es un tema tan amplio que quizá valdría más un libro que una simple entrada de blog.

En cada redacción el estilo de hablar, de sentarse, de vestir, de comer y hasta de avisar que “voy a la tienda” cambia, pero hay un hilo conductor en cada una de ellas: El Ego.

Sí ese del que brevemente hablé en una entrada anterior, es inmune a cualquier limpieza, a cualquier jefe, a cualquier filtro de Recursos Humanos y en fin, a cualquier cosa.

El ego es, podría asegurar, lo que mantiene hoy en día las redacciones en pie, y es que con las nuevas tecnologías que permiten que todo se haga de manera remota, quién querría estar encerrado más de medio día en un mismo sitio si no fuera por el ego.

El ego es lo que nos mantiene unidos en nuestra propia revuelta espiritual.

El ego es lo que nos hace ir a una redacción y plantar cara en una junta para demostrar y ver la mirada de los demás cuando tienes el mejor tema, la mejor idea, la mejor propuesta que el resto.

El ego es lo que te hace volver derrotado porque para la siguiente si tendrás esa mejor idea y demostrarás que eres mejor que el de junto.

El ego es el que hace a los dueños creer que tienen el mejor medio, a los directores que se saben todas, a los editores que su redacción es perfecta, a los diseñadores que son artistas desperdiciados, a los de ventas que son la gran cagada de Gandhi en plena huelga de hambre.

El ego es el que hace que un proyecto triunfe o fracase, pues finalmente, para ser, hay que parecer y para parecer y ser, hay que creer.

Ese mismo ego hace pensar a los directivos y dueños de los medios que mover piezas no afecta de ninguna manera la calidad de su medio.

El ego es el que provoca muchas veces, aunque suene contradictorio, el conformismo en los medios, y es que, para qué necesito probar nuevas cosas si así estoy bien.

El ego, bendito ego, nunca te acabes.

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