A veces escribo…

A veces escribo por gusto, otras por enfado, muchas más por terapia y otras para no perder la disciplina de hacerlo más o menos seguido.

Siempre cuando capacito a alguien el primer consejo es “encuentra lo que quieres decir, cómo lo quieres decir y para qué lo quieres decir”, así la cosa fluye tranquilamente.

Lo cierto es que muchas veces hay que escribir sin un qué, cómo o para qué, por el puro gusto de decir lo que al momento salga de la cabeza o del corazón o de la entrepierna, da igual.

Ya les contaré pero la semana pasada conocí a un guionista de televisión que presentó su primer novela.

Ese tipo si tiene claro qué y para qué lo quiere escribir y la verdad es que también no presume mucho de hacerlo.

Finalmente escribir es un proceso interno que se completa cuando alguien nos lee. 

¿Qué importa lo que escribas? Puede ser una carta, la nota del día, un tratado sobre el polvo que causa alergía o la capitulación del presidente, nada sirve si nadie lee. Simple. 

La cosa es cuando uno solo escribe a bote pronto y alguien encuentra un significado que jamás imaginaste.  

 

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