De las decisiones ajenas 

Sí, ya sé que hace poco hablaba de los impulsos, pero quiero ir más allá con ese tema, porque a veces tomo decisiones que no son forzosamente impulsivas.

No hace mucho alguien me dijo que “según un estudio” entre más tiempo tardemos en tomar decisiones, hay más posibilidades de que éstas no sean correctas.

La cosa se basaba en que ante una situación, los primeros instantes son muy importantes debido a que nos dejamos llevar más por la sensación y razonamos menos, lo que quiere decir que entre más tiempo pasa, más pensamos, dudamos y valoramos las posibilidades.

Esto, podría pensarse que es mejor, pues se pueden medir pros y contras y a la larga tomar la decisión que más convenga a nuestro modo de ver.

Por otro lado, hace unos años alguien me dijo que las decisiones no pueden catalogarse en buenas y malas, vaya, en realidad me dijo: “para ti es una mala decisión porque no te conviene, pero para mí, es lo correcto”.

Esa frase es con la que me quedo de todo esto, pues no sabemos todo lo que pasa por la cabeza de alguien, sus demonios, sus líos y los huracanes internos. 

Para nosotros cuando decidimos, vemos todo en una gama de tonalidades, pero si esperamos la decisión de alguien más, la cosa se vuele blanco y negro según nuestros deseos. 

Al final nunca sabremos si lo que la otra persona eligió fue bueno o malo, a menos que nos afecte directamente y creo que ni entonces hay manera de saberlo, pues no existe el “hubiera” ni una manera de conocer a priori cómo funcionará todo con las diferentes opciones. 

Lo que es cierto es que cada día tomamos decisiones, buenas y malas, que nos afectan a nosotros mismos y también a otras personas. 

Sabemos que una decisión simple puede ser complicadísima para otros a quienes afecte, sabemos que nuestra felicidad es la ruina de alguien más. 

Pese a ello no podemos evitar, de ninguna manera, decidir mil cosas, y debemos hacerlo sin pesar y me refiero a todo, desde el color de los zapatos hasta la comida diaria, todo son decisiones.

A diario decidimos incluso sobre los demás, pero nos angustia que una decisión que nos afecta, esté en manos de otra persona. 

En términos generales, con las decisiones (disculparán el término tan fatalista), todo se trata de morir o matar. 

Imagen: César Biojo

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