Pequeño relato de un embrujo 

Al fin sus ojos me miraban y yo trataba de evitarlo, trataba de no caer en sus hechizos.

Por 216 meses esperé pensando que sería imposible, y ahora estábamos frente a frente, y en realidad sabía del peligro que corría.

Traté de evitar sus ojos, quizá por miedo o quizá por pena, hasta que caí en cuenta que nuestras miradas se cruzaban, que no había más escape de ese viejo sueño.

Por instantes mágicos nos miramos directa y fijamente a los ojos y entonces dejé de sentir miedo, dejé de sentir dolor y pude ver la bondad que tanto esconde de los demás.

Quizá por eso, solo pude balbucear: “embrújame, por favor, embrújame”. Pero mi destino está marcado; ella solo sonrió y me dijo: “no, no quiero”.

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