De independencia, pasión y felicidad

A lo largo de mi vida me han cuestionado demasiado sobre mis decisiones y algunos, que no se han atrevido a preguntar, se han alejado sin una explicación. 

Últimamente supe que me han catalogado de alguien “dependiente” de su familia, lo cual claramente es un error. 

Si me conocieran bien, sabrían que hace más de 15 años -o más- que no dependo de absolutamente nadie más que de mi trabajo, mi esfuerzo y mi talento.

Si bien he tardado en realizar algunos saltos, ha sido por razones que mis cercanos conocen de sobra. 

Hoy me sorprendo de que alguien que hasta hace unos meses era mi persona más cercana, haga como que desconocía las razones por las que no saltaba al vacío. 

La independencia va más allá de vivir lejos de los padres -a cualquier edad- o tener un cuarto de servicio en algún barrio para vivir en soledad, pues para mi es más bien una cuestión espiritual y emocional, es ahí en donde radica la diferencia. 

Es menos libre aquel que viviendo solo tiene un cordón umbilical que más bien parece cadena, que otro que es libre en compañía de los suyos. 

Esto viene un poco a colación por mi salida al cine de este domingo la cuál sería para ver cierta película para la que no alcanzamos boletos, por lo que terminamos viendo una película mexicana. 

“3 Idiotas” dista de ser una obra de arte, pero al final cuestiona a aquellos que ven el éxito con el signo de pesos (o dólares) como un sinónimo, y es ahí donde viene esa sacudida. 

Ser felices haciendo lo que nos apasiona es algo tan poco valorado en estos días en los que solo importa llevar dinero en la cartera, que muchos han olvidado sus sueños. 

Y sí, como todos, me gusta la estabilidad económica y por ello trabajo tan duro, pero lo que más me importa es que lo que haga me guste, me apasione y siempre hay un espacio para lograrlo. 

Hoy en día exploto mi habilidad y mis conocimientos para ganarme el pan, pero me doy tiempo para hacer lo que me apasiona, lo que me hace sentir realmente vivo y es que no es fácil conseguirlo. 

Yo puedo decir que por medio de un programa de radio vivo mi gran pasión, esa que no me da de comer, pero que hace latir mi corazón, mientras uso mi experiencia y talento escribiendo notas y creando estrategias de contenidos para ganarme la vida. 

Estoy seguro que todo lo que nos proponemos lo podemos lograr en nuestra vida y sé que un día mi pasión volverá a darme los recursos necesarios para dejar otro tipo de “obligaciones” más lucrativas pero menos satisfactorias. 

Ser independiente va más allá de pagar una renta y vivir el resto del mes contando los centavos, pues eso no sirve de nada si lo que haces para lograrlo no te hace ni libre ni feliz en dónde más importa, en tu corazón. 

No sirve de nada si al final del día, cuando sales de una oficina en la que te tratan como esclavo, la única satisfacción que tienes es la de “cumplirle a la empresa”. 

Yo prefiero levantarme cada día con la ilusión de crear algo trascendente y apasionante en una cama que yo escogí a hacerlo por obligación en un sitio al que llegué “porque no tuve de otra” y que es “para lo que me alcanza”.

Esa “libertad”, esa “independencia” tiene más cadenas de las que muchos piensan. 

Independiente soy, solo que a diferencia de muchos que critican sin saber, yo escogí como ejercer esa no dependencia de nadie ni de nada. 

(Imagen de Pinterest sin crédito)

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