De escritos fantasmas 

Ella escribía cuentos de hadas, de hecho aseguraba que era una, en su mundo solo había gente buena y mala, sin medias tintas y es que ella misma se comportaba de esa manera, o blanco o negro, no había más. 

Entre sus escritos había una larga novela,  en la que ella era la protagonista, un hada que trataba de salvar al amor de su vida, o algo por el estilo, los demás eran amigos y conocidos que cambiaban de nombre, forma y rol, según sus relaciones personales cambiaban. 

Por años creí que era yo ese al que salvaría, por el que arriesgaría su magia y sus polvos de hada, pero no… Con el tiempo descubrí que hablaba de aquel fotógrafo y que para mí, no había ni una línea. 

Al final no quisiera una sola línea ni en su historia escrita ni en la real. De hecho, desearía no haberme cruzado con ella jamás. 

Con el tiempo todo cambió y alguien con olor a jazmín inspira la mayoría de mis líneas y precisamente darme cuenta que tampoco aparezco en sus escritos me resulta previsible, algo que sospechaba pero que ante sus insistencias, corroboré.

Quizá sea bueno no inspirar ficciones, quizá quiera decir que lo que ven en mi es la realidad y no algo superfluo cómo un cuento o una despedida desde la punta de un lápiz.

Lo curioso es que me gustaría aparecer, al menos una vez, en uno de sus escritos, inspirar algo más que reclamos, que olvidos y bostezos. 

Pero diría Nacho: “Querer y no querer son dos cosas distintas”. 

Imagen: Matt Vergotis 

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