Honestidad brutal

Ya antes había escrito sobre la necesidad de ser honesto, algo que, al menos para mí se pelea con la falsa humildad.

Sí, aquella humildad que muestra mucha gente cuando está en público y que se transforma en envidia e ímpetus insanos desde la oscuridad de la soledad.

La honestidad y la sinceridad, sin ser lo mismo, tienden a ir de la mano, a convivir aunque la mayoría de las veces prefieran guardarse antes de hacerle daño a alguien.

Varias veces he mencionado que estamos tan acostumbrados a mentiras “inocentes o piadosas” que aún los más honestos quedan desarmados ante la verdad. Nadie está preparado realmente para escucharla.

Ir de frente, ser honesto y sincero hasta un punto que podríamos considerar “brutal” debería apreciarse más de lo que se hace en este mundo en donde muchas veces es mejor sacar una sonrisa mentirosa que una lágrima honesta.

A veces, la sinceridad lastima porque nos golpea en nuestro ego, en nuestros miedos, pero a la larga, deberíamos agradecerla.

No tengan miedo de ser honestos, de ser sinceros, por favor… y a ti, gracias.

Ilustración de Julia Borzucka Nesta

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