¿Por qué no escribir (más) de amores?

El amor viene en diferentes presentaciones, intensidades, colores y formas.

En mi vida ha estado presente (afortunadamente) en varias ocasiones, suficientes como para tener una continuidad de buenas cosas.

Cuando estoy con alguien no hablo normalmente de mis relaciones,  y solo con quién está cerca, comento asuntos referentes a…

Me parece que cuando algo es bueno, se nota y no hay porque pregonarlo y usarlo como bandera.

Esas mamarrachadas de poner en Facebook una foto de una fritanga con el HT #SoyFeliz no va conmigo, no me gusta engañarme aunque existirá quien sí lo haga.

¿La verdad?

Me estoy engañando a mí mismo… El amor es lo mejor que he tenido y cuando estoy en plena limeranza soy lo suficientemente egoísta para no compartirlo con nadie.

Siento que si lo hago evidente y lo presumo, corro el riesgo de que se escape por la puerta. Quizá me equivoque porque, ¿a quién no le gusta ser presumido por todos lados cuando es alguien bueno?

En fin, así soy yo. Un sinsentido como este texto, un infame poco calculador.

Quizá esté esperando a envejecer y contar mis amoríos en algún modo nostálgico o es que tema que todo se esfume simplemente.

Quizá es que crea como los empresarios que las cosas buenas no hay que contarlas hasta que estén listas pues corren el riesgo de perderlo todo.

El amor es química pero también física porque es más que una sensación, es un hecho, un cuerpo, una persona que ocupa un tiempo y espacio. Quizá sea que quiero que este tiempo y espacio siempre esté siempre.

Quizá solo sea que en mi anecdotario poco literario las historias de fracasos amorosos venden más que la ternura.

Quizá solo sea este disfraz de mal tipo que me he conseguido que me impide hablar de cosas buenas, que ha elegido la maldad y la vileza como modo de generar letras.

Quizá sea que un viejo amor se robó mi poca poesía y que solo me quedé con una escueta y planísima prosa indigna de sentimentalismos puros.

Quizá sea que hablo tanto de corrupción que si hablo de algo puro, lo mancharía.

Quizá solo sea que prefiero los “te quiero” y “te amo” pronunciados desde el fondo de mi diafragma y con la sinceridad del caso.

Sí, es eso. Prefiero decir en esta vida un solo “te amo” salido de improviso y que marque todo para siempre a poner mil en un documento editado.

Así es, así debe ser, así siempre será…

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