San Valentín

Y quien espere una lección de historia puede buscar la “X” y alejarse lo más rápido posible.

San Valentín nunca fue uno de mis días favoritos, aún recuerdo algunos momentos como esa vela en forma de alcatraz, que ella, mi primera “loca”, guardaba sobre el monitor de su computadora.

Para ambos era una sorpresa estar juntos en 14 de febrero, nos habíamos dado largas y largas, hasta que en una noche de fiesta en la que celebramos el final del primer semestre de la carrera comenzamos una breve relación.

En aquel entonces ella pasaba por momentos complicados, pero nos divertimos bastante por casi un semestre.

Después no recuerdo gran cosa de los “14”, quizá porque guardo más recuerdos de aquellos días de prepa en los que anónimamente mandábamos flores a las chicas que nos gustaban.

Claro, como se las comprábamos al Comité de Graduación, a los 10 minutos el anonimato se había disuelto. Así uno experimenta con los primeros batazos y uno que otro beso de la más guapa de la clase.

No recuerdo que me diera pena una sola vez decirle a una chica que me gustaba, desde el kinder y la primaria, siempre me gustaba la más bonita, no importaba si fueran morenitas, castañas o güeritas, solo que estuvieran lindas.

En la prepa recuerdo un problema por culpa de una chica que tenía novio; yo no tenía idea de que la maestra de Psicología se llevaba bien con él y le iría con el chisme.

Luego, por muchos años la fecha la pasaba por alto, pero no por pose anti comercial, sino porque no me gustan los lugares en los que hay que esperar por una mesa como ocurre en estas fechas.

El último 14 de febrero fue aciago, por decir lo menos, por primera vez en mucho tiempo lo pasé soltero y creo que la nostalgia provocó beber una especie de paciflorina y nada más.

Pasar solo un día como éste no debería ser un problema, ni siquiera llevarnos a la desesperación que leo en la redes sociales.

Total, si ignoramos 364 santos en el calendario, ¿por qué no haríamos lo mismo con un tal Valentín?

La verdad es que siendo un romántico, como lo soy, siento la soledad, aún a sabiendas que no lo estoy.

Pero es que estar y no estar es algo que provoca un caos terrible, porque sabes en dónde quieres estar y al mismo tiempo sabes que no estás. Que de todo lo bueno, falta afinar ese detalle para que todo pase.

¿Pero afinar qué?

Las cuerdas rotas no se pueden afinar, quizá cuando ya no lo estén se logre una buena entonación, antes, se complica.

Mientras, en la mismísima madrugada de San Valentín, solo puedo desear que encontremos lo que buscamos y si tú lo hayas aquí, la afinación será la correcta.

Feliz día del amor, feliz amor, amor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s