Aunque no te lo creas

A ti no te puedo mentir, no sé por qué pero no hay un gramo de engaño en mis palabras cuando te encuentro.

No es que sea un mentiroso o a alguien más suela contarle cosas que distan de la verdad, pero creo que a ti sería imposible hacerlo. Sí, imposible.

Quizá sea que como a nadie le he abierto desde hace tantos años la gran mayoría de mis verdades o quizá sea que no hay una semana en la que no esté frente a frente contigo sin nada que ocultar.

Seguramente no te das cuenta porque es una costumbre que tienes muy arraigada, hablo de evitar los silencios en las charlas.

Ahí es cuando de inmediato busco un tema nuevo, trato de hacerlo fascinante sin inventar un solo detalle, solo verdades.

Y es que cuando sientes que la plática baja de intensidad o que estamos a un segundo de la dispersión total, pronuncias cuál muletilla esa pregunta que parece una bandera sobre la pista que indica que es momento de acelerar a fondo.

“¿Y luego?”

Ilustración: Kathrin Honesta

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